La primera infancia. Para muchos estadounidenses, esta frase se relaciona de inmediato con el debate sobre la necesidad de tener acceso a un programa preescolar para todos. Y a pesar de que ésta es una discusión muy importante, muchas veces se pierde un componente vital del asunto. Para cuando entren al preescolar ya se han quedado atrás muchos niños de bajos recursos. Con las probabilidades muy en contra de ellos, la batalla para las oportunidades económicas y sociales empieza antes de que entren al aula. De hecho empieza el día en el que nacieron.

La interacción y los juegos imaginativos con los adultos, sobre todo los padres, crea las bases tan importantes para la adaptabilidad y el aprendizaje. A la vez, el abuso o el abandono o la depresión paternal, conocido por los científicos como «el estrés toxico», puede dañar el desarrollo del cerebro infantil. Estas influencias—sean positivas o negativas—ejercen un gran impacto en el niño y que contribuirán a la dirección por donde vaya su futuro.

Entonces ¿cómo deberíamos abordar una solución que cultive estos resultados mientras que nos enfrentamos a la realidad de que muchos niños de bajos recursos empiezan con desventajas desde el día que nacen?

La respuesta exige que superemos nuestros típicos debates públicos. Muchas veces en la política hablamos sobre la persona y el Estado como si fueran los únicos protagonistas y prestamos poca atención a la sociedad civil en general, instituciones como la familia, iglesias, y organizaciones sin fines de lucro. Pero es sobre todo en estos contextos que los niños crecen y se desarrollan emocional, física y socialmente.

Un centro preescolar operado quizá juegue cierto papel durante parte del día, pero la formación básica del carácter y las habilidades tiene lugar sobre todo en las interacciones diarias entre el niño y sus padres. La educación preescolar de calidad es valiosa, pero lo más valioso es la educación de calidad que los padres pueden ofrecer.

Con las probabilidades muy en contra de ellos, la batalla para las oportunidades económicas y sociales empieza antes de que entren al aula. De hecho empieza el día en el que nacieron.

No existe una sola causa de las presiones crecientes para familias o el crecimiento masivo de las familias monoparentales. Muchas familias se enfrentan a presiones económicas como los sueldos congelados, doble empleo, disminución de trabajos de operario, y el desempleo prolongado. Muchas comunidades sufren fragmentación y no funcionan de la manera adecuada, lo cual las limita para poder ofrecer ayuda externa—ayuda de parientes y familiares, vecinos, y mentores. Además, las normas culturales en torno al matrimonio y las responsabilidades del padre de familia han sufrido cambios perjudiciales.

La justicia pública requiere que nos enfrentamos a estas circunstancias deterioradas, pero la política en cuanto a la familia es notoriamente compleja y difícil. ¿Será posible que las leyes puedan promover la creación de familias completas o suplir el vacío que ha dejado uno de los padres de familia? La solución se encuentra en el hecho de que aunque el gobierno no puede legislar que haya familias sólidas, sí que puede facilitar o impedir que se formen y se mantengan unidas.

Las políticas federales, tal como los créditos fiscales por cada hijo, podrían ayudar a crear un ambiente económico más favorable a las familias. Asimismo, se podría duplicar el crédito fiscal para niños menores de tres años, reconociendo cuán vital es la influencia en esos primeros años, y que la investigación académica ha hecho evidente.

Además, los permisos remunerados para ausentarse del trabajo por causa de maternidad y razones familiares podrían ser de ayuda a todos los padres de familia— pero, en especial, a padres o madres solteros y los que tienen bajos ingresos económicos—y les permitiría manejar mejor las funciones conflictivas de padre o madre y el sostén del hogar.

No hay manera de nivelar totalmente las circunstancias de nuestro nacimiento, pero esto no significa que somos incapaces de enfrentar ciertas desigualdades obvias en el desarrollo del niño. Las sociedades pueden organizarse de modo que promuevan en las familias su papel básico y forjador del carácter o pueden hacerlo de manera que las debilite.

La vocación del gobierno y sus ciudadanos consiste en encontrar la manera de trabajar con otras instituciones sociales para fortalecer a los padres de familia y para cultivar sus habilidades, las que dan forma a la mente, el corazón y el futuro.

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